Guía de lectura de Retablo jovial

La lectura de este segundo trimestre para los alumnos de 3º de mi centro es Retablo jovial de Alejandro Casona. Como sucede con las obras teatrales, debemos aprovechar que a los alumnos les atrae acercarse a la obra desde una lectura dramatizada en clase. Además, esta obra de Casona reúne otros atractivos: la brevedad de las cinco composiciones (lo que permite ver en una sola clase la versión filmada correspondiente, que dura unos 25 minutos) o las fuentes de varias de estas farsas (Cervantes, don Juan Manuel, Bocaccio, Juan de Timoneda), próximas a los períodos literarios que se estudian en 3º de ESO. No obstante, también presenta serios obstáculos: los recursos cómicos no son bien comprendidos por los alumnos y, especialmente, su vocabulario, pese a las notas de las ediciones escolares, con sus tintes arcaicos, dificulta la lectura a alumnos de 3º de ESO.

En fin, publico y comparto aquí la guía de lectura que he preparado para mis alumnos:

Guía de lectura Retablo jovial by Joaquín Mesa

IV Encuentro "Andalucía Profundiza"

En el día de hoy, 28 de enero, se celebra el IV Encuentro “Andalucía Profundiza”, cuyo lema es “De lo excepcional a lo ordinario”. Los organizadores del mismo me han invitado a presentar mi propia experiencia en ese camino al que se refería el lema y que delimita este Encuentro: el uso de la metodología por proyectos tanto con grupos especiales de alumnos, los que participan en Profundiza, como con grupos ordinarios.

Inserto aquí la presentación de esta breve exposición:

Competencias básicas, metodología ABP, portafolios y rúbricas

Algunos compañeros del IES Antonio Gala de Palma del Río (Córdoba) escucharon la ponencia que sobre portafolios desarrollé el pasado día 20 de noviembre. Pensaron que tenía interés esta charla para el desarrollo de su “Formación en centros”.
Así, para hablar sobre portafolios y otras cuestiones que se recogen en la presentación que acompaña esta entrada, he estado con los compañeros de este centro una tarde en la que han demostrado su interés y compromiso con la introducción de cambios educativos.

Guía de lectura sobre El rostro de la sombra

El pasado trimestre trabajamos en clase de 3º de ESO con una novelita reciente de Alfredo Gómez Cerdá, El rostro de la sombra. Esta pequeña novela juvenil tiene, desde mi punto de vista, dos grandes valores: de un lado, los alumnos la encuentran próxima y disfrutan con su lectura y, de otro, permite plantear en el aula interesantes temas: responsabilidad personal, fingimiento, cinismo, amistad, identidad digital…

Inserto aquí más abajo la guía de lectura que usamos para conducir el análisis y discusión en las sesiones semanales de lectura:

GUÍA DE LECTURA_EL ROSTRO DE LA SOMBRA by Joaquín Mesa

Proyectos que dejan huella para Córdoba, huellas romanas

Con satisfacción, hoy hemos sabido que Aulas Innnovadoras, un área funcional de Asociación Espiral: Educación y Tecnología, ha concedido un sello AulasInn, Proyectos que dejan huella, en la categoría Proyectos de Altas Capacidades, al trabajo que desarrollamos el pasado curso para Andalucía Profundiza: Córdoba, huellas romanas.

Mis felicitaciones, desde aquí, a los ocho miembros del equipo que participaron en este proyecto.

Entradas relacionadas:

Participación en “Andalucía Profundiza”.

Relato del profesor de instituto

Fuente: commons.wikimedia.org/wiki/File:Professor.PNG

Durante la tarde había reflexionado sobre por qué sus alumnos se aburrían. Sentado en su silla, había revisado varias causas. La desmotivación y el desinterés no le parecían razones, sino más bien excusas. No cabía en su cabeza que unos adolescentes de 14 años no manifestaran interés por nada. La cuestión no era esa, sino por qué no les parecía interesante lo que aprendían (?) en las clases.

En otras ocasiones, en los escasos dos meses del curso, el profesor les había manifestado a sus alumnos que los percibía como esquizofrénicos, esto es, se concebían a sí mismos como dos seres diferentes. El ser auténtico, verdadero, libre era el que se manifestaba al otro lado de la verja del instituto. Este era un ser lúdico y con intereses varios: deportes, redes sociales, consolas de juegos, teléfono móvil, música… Pero frente a él existía otro ser atormentado, frustrado, que se consideraba preso de la institución educativa, maniatado. Como es lógico, ese ser apresado solo pensaba en liberarse. Durante el día, los toques de timbre que anunciaban el cambio de clase eran recibidos con euforia y la salida a los pasillos les permitía, siquiera por unos minutos, recuperar su identidad. Cuando el intervalo entre un timbre y otro era de treinta minutos, era costoso, de vuelta al aula, abandonar su, para ellos, verdadera identidad. El profesor, sin embargo, repasaba con ellos un simple cálculo. Un día tiene 24 horas, de esas 24 horas- les decía- hay que restar unas 10 que consumimos en el propio mantenimiento físico del cuerpo (horas de sueño, alimentación y aseo). De las 14 restantes unas 7 u 8 horas (las 6 horas de clases durante la mañana, más las empleadas en la realización de actividades escolares por la tarde) las ocupa vuestra educación formal. Por tanto, las horas restantes, calculadas con generosidad, son solo 4 o 5. Y esas- me decís, continuaba- son las auténticas, las que os permiten ser felices. ¿Cómo es posible que más de vuestra vida útil, esas 8 horas que dedicáis al instituto, no la consideréis vida propia, personal? ¿Cómo es posible que no os consideréis protagonistas de vuestra vida? ¿Cómo es posible que contempléis vuestra vida educativa como un espectador ajeno a la misma?

Descartada, por tanto, su naturaleza abúlica porque era evidente, en los pasillos, fuera del aula, que gozaban de la vida, era preciso encontrar alguna otra causa. ¡Ah, el consuelo de la causa que permitiría hallar una solución! Era consciente de la complejidad del comportamiento humano, acrecentado, sin duda, por la inestabilidad del adolescente. No obstante, continuó su reflexión. Aunque incompleta y parcial, buscaba una respuesta. Se sentía obligado a hallarla. Era su profesión, su magisterio, su vocación…

Finalmente, creyó encontrarla. Era necesario derribar las fronteras- artificiosas, pero levantadas desde antiguo en la mente de los alumnos (desde sus primeros años en la escuela)-, entre la vida cotidiana, su vida y la vida académica. ¿Y si los alumnos percibían que lo que se decía en las clases eran informaciones útiles, conocimiento aplicable a su vida? ¿Y si lo que sucedía fuera del aula era objeto de comentario, análisis y estudio en las aulas? Podía alargar la serie de if… Pero de la reflexión era preciso pasar a la acción. El profesor se consideraba “practicante” educativo. Su reflexión nacía- y debía concluir- de y en su práctica educativa. De hecho, con frecuencia, aborrecía de teóricos y expertos educativos, “falaces disertadores”.

A la mañana siguiente, avanzaba con paso decidido hacia el aula de sus “aburridos” que revoloteaban por los pasillos, a cierta distancia de la puerta del aula. Congregada la dispersa y ruidosa grey en su aula, comenzó su clase. Iban a componer un cuento. Pero, en primer lugar, quería que reflexionaran sobre la intencionalidad didáctica de muchos cuentos. ¿Por qué el cuento se había usado para ilustrar enseñanzas? Algunos ensayaron respuestas, atraídos por el premio de la nota de clase positiva. Pero, en realidad, el profesor no buscaba una respuesta, sino una práctica. De modo que les leyó el “Relato del profesor de instituto” y les invitó a cambiar la perspectiva. Les invitó a ser los protagonistas de ese relato, pero desde la posición de los alumnos. No obstante, como conocía que eran algo alérgicos al cálamo, les solicitó que ensayaran, en el aula, en vivo, sus dotes como cuentacuentos. Y hubo participaciones y algarabía en el interior del aula.